martes, noviembre 16, 2004

 

Hogar III

Nos volvíamos a mudar. Esto sí que era gloria! Iba a tener una habitación más grande que la anterior y para mi solita. Me sentí mayor. Tenía intimidad, la clase de intimidad que iba a necesitar a partir de ahora, porque iba a ir al cole y ya era mayor.
Mi vida social tuvo una recaída. En este nuevo edificio apenas había emigrantes. Eran todos suizos o escandinavos. Esta gente era más reservada. Sólo recuerdo haber entrado en casa de Herr Sutter, un amable anciano que vivá solo. Tenía hijos, dos, la parejita. Me hablaba mucho sobre ellos, pero yo nunca ví que fueran a visitarlo. Aunque él sí se ausentaba para ir a visitarlos, era entonces cuando yo, que ya era mayor, cuidaba de sus plantas. Su apartamento era pequeño. Viví justo al lado y nada tenía que ver con el nuestro. Las instalaciones eran tan buenas como las nuestras, pero no tenía sala de estar. Solo cocina, habitación y baño. Lo único aislado del apartamento era el baño. pero claro, él vivía solo. no necesitaba como yo, un espacio para él solo, porque él ya vivía en la más absoluta soledad. A veces me daba un poco de pena. Me contaba las mismas historias una y otra vez, sobretodo las que se referían a sus hijos. Yo me hacía la sorprendida, como si fuese la primera vez que la oía. Me daba la sensación que hablar de sus hijos, le hacía sentirse cercanos a ellos.
Nuestro hogar, en cambio, era impresionante. siempre estaba calentito, incluso en los meses más fríos de invierno. El suelo nunca estaba frío y yo me acostumbré a andar descalza para sentir la calorcita que desprendía del suelo. Mi hermano también se le veía más feliz. Supongo que se sentía aloviado de no tener que dormir con mis miñecas alrededor. Siempre fue más ordenado que yo. Y yo me acostumbré a que él me ordenara todo. Pero ahora tenía tanto espacio que no importaba mucho que tuviera las cosas un poco revueltas, porque tenía espacio suficiente para mis juguetes. Mi habitación estaba en medio de la de mis padres y de la de Toñito. Teníamos un cuarto de baño con la bañera y todo, y otro, sólo WC. Ya no tendría que salir a ninguna parte para ir al baño. Podía ir cuando se me antojara y lo mejor de todo, sin pasar frío ni miedo. La cocina, nada tení que ver con las que había visto hasta ahora, era muy grande con muebles de madera, lámparas de madera y mesa y sillas de madera. Entre la cocina y la sala de estar, había una puerta que daba a un balcón. Ahí jugaba cuando el buen tiempo empezaba. Desde allí se podía ver un poco el parque. Aun no me estaba permitodo ir sola. Aun así, me gustaba ver como los niños iban acompañados o solos al parque, y me imaginaba que yo también iba.
Pronto fui al cole. Allí hice amigos que aun conservo. Hasta tenía un marido. Yves me gustó hasta 6º. MI independencia se hizo más grande, en cuanto empecé a ir al cole. No teníamos comedor en el mismo colegio, por lo tanto iba al "Hort". Era una casa de planta baja. Allí había dos señoras, una más joven que mi madre, la otra más mayor. Un comedor enorme donde comímos unos treinta niños de todas las nacinalidades, por lo que a veces había destinciones en el menú. Había zona de juego, de estudio y una habitación vacía con un armario muy grande. Dentro, había colchones y mantas. Había que dormir la siesta hasta 4º o así. Frau Sutter (que nada tenía que ver con mi querido vecino, aunque tuvieran el mismo apellido), la joven, nos contaba un cuento y dormíamos una media hora por lo menos y vuelta al cole. Frau Schänkel, la mayor, tenía un tic nervioso. Parecía que siempre decía que no, y al principio cuando le pedía permiso para hacer algo, se quedaba pensando y yo me iba pensando que me había dado una negativa hasta que ella me llamaba para que volviera. Al igual que en el colegio habia a la entrada perchitas y bancos para dejar tus cosas antes de entrar. Baños conjuntos donde se encontraba un enorme lavabo donde nos lavábamos los dientes.
Hacíamos actividades en el interior o saliamos de excursión si el tiempo lo permitía despues de las clases de por la tarde. Yo por las tardes iba poco. Iba al mediodía porque mi madre insistió. Ya era mayor pero no tanto como para ahcerme la comida, al parecer. Mi hermano estaba en el colegio normal como yo pero también se eastaba sacando el bachiller por el consulado español, por lo que no pasaba mucho tiempo en casa. tení entrenamientos e incluso ensañaba con un grupo de amigos en un local. Les gustaba el Heavy clásico, por lo que a mi, me despertaba a con canciones de Iron Maiden. Éramos los últimos en levantarnos y aun así lo hacíamos a las 6 de la mañana.
Mis padres seguían en su línea, trabajando como esclavos. Pero los domingos seguían siendo nuestros.
En el cole, me lo pasaba muy bien, y mis asignaturas preferidas eran música y el recreo, sobretodo si era invierno. El olor de la primera nieve era algo que me hacía sentir en las nubes. A veces la nieve no avisaba de que iba a llegar y nos pillaba desprevenidos. En clase se formaba un silencio horrible cuando veíamos caer los primeros copos. Mirábamos a la seño y ella siempre acababa por dejarnos salir. Salíamos corriendo como si nos fuera la vida en llegar lo antes posible, gritando como locos. Una vez fuera, otro silencio. Esta vez debido a que estábamos mirando hacia el cielo con la boca abierta. Si la primera nevada coincidía en casa, salía corriendo al portal, una vez allí me daba cuenta que estaba descalza y con el pijama. No hay nada mejor para combatir los resfriados que pisar con los pies descalzos la primera nieve del año. (Nunca estuve enferma hasta bien llegada la asolescencia, ni siquiera las enfermedades tan comunes en un niño. Mi hermano en cambio las pillaba todas, y yo aunque no me separaba de él (por lo que mi madre me regañaba) nunca me contagio.).
El recreo con nieve era aún mejor si cabe. Cogíamos bolsas de plástico, que no ocupaban mucho en las mochilas, las cortábamos por los lados, de forma que la bolsa era el doble de grande, nos íbamos al enorme campo que teníamos en el colegio. Había como una especie de motañita, unos 300 metros, desde allí nos sentábamos encima de nuestras bolsas y nos deslizábamos. Acababamos ampapados y en clase al final estábamos en ropa interior y la ropa colgada fuera de clase, chorreando.
En ese mismo campo de césped, hacíamos actividades deportivas en la época de verano. Era cuando la clase de gimnasia se trasladaba al exterior.
Al poco de empezar primero, anularon las clases los sábados por la mañana. No me gustó mucho la idea, porque eso significaba estar en casa sola o en mejor de los casos cos Herr Sutter. Las matemáticas era divertido. Cada uno teníamos una pizarra pequeña y jugábamos quién era el o la primera en escribir el resultado en la pizarra y alzar la pizarra hacia la seño. Si acertabas de primera te podías levantar, si lo volvías a hacer, encima de la silla, y luego encima de la mesa. La lengua no me gustaba mucho, tampoco la Historía porque no earan muy participativas. Religión era toda una novedad para mi. Existían otras religiones! y mis propios compañeros de clase rezaban por las noches a otro Dios que no era el mío. Creo que fue la asignatura que más me aportó en mi niñez.
La clase de natación por otra parte, no me gustaba mucho. Ya lo había pasado por una mala experiencia anteriormente, y pensar que se pudiera repetir cada semana, me aterraba. Además siempre tuve el pelo largo, y secarlo era un suplicio. Siempre era una de las últimas en acabar. Ese cabello largo lo peinaba mi madre todas las noches. Me hacía una trenza para que no se me enredara y así falicitarle el trabajo a mi hermano por la mañana.
Mi papi había enfermado por aquel entonces. Le dignosticaron un cáncer. Pero él no se dió por vencido y yo me fui enterando poco a poco. No sabía que era algo tan horrible, él seguía con una vida normal y poco se le veía por casa, seguía trabajando para sus hijos como él siempre dijo. La muerte no era desconocida por mi, pero nunca la había sufrido de cerca hasta que se murió Herr Sutter cuando yo estaba en 3º o en 4º. Lloré horrores. No sólo porque era la primera persona cercana a mi que había fallecido sino porque estaba convencida que él era Papa Noel. Al cole nos visitaba Papá Noel junto con su ayudante el 6 de diciembre. El ayudante iba vestido de marrón y llevaba una escoba de paja o parecido en una mano y con la tiraba del burro que iba cargado con los regalos para los buenos. La escoba, obviamente para los malos, pero nunca ví como se utilizaba. La premera vez que los vi llegar, me causó un gran impacto. Papá Noel iba encabezando, y lo veímas llegar desde fuera. Cada uno se sentaba muy quitecito en sus sitio. Ël lo sabía todo. Al final nos entregaba un saquito con mazapanes, cacahuetes, mandarinas y caramelos. Yo sabía que esos hombres estaban disfrazados, pero no dije nada a mis compañeros para no disilusonarlos. A mi Papá Noel me dejaba el saquito de verdad y dinero metido en una postal en mi buzón. En primero, llegué toda contenta comiendo mi mazapán a casa, y allí estaba. Papá Noel en persona estaba depositando mi regalo en el buzón. Me escondí para que no me viese, y para mi sorpresa, Papá Noel viví al lado y se hacía llamar Herr Sutter! Temí que después de su muerte, ya no recebiría regalos. Enseguida me sentí aun peor, pensando lo egoísta que era. Mi hogar ahora era el cole, el Hort, mi casa y lo había sido durante unos años la casa de Papá Noel.

lunes, noviembre 08, 2004

 

Hogar II

El piso era grande, pero pronto se hizo pequeño. Vivíamos tres familias juntas. Las habitaciones comunes; cocina y baño. Las demás tres habitaciones, se repartían para cada familia. Nosotros éramos la familia con más miembros. Había un señor suízo viviendo solo, en la habitación pequeña. En la habitación enfrente a la nuestra, vivía un matrimonio gallego. Eran algo más mayores que mis padres. Tenían tres hijos, pero solo uno de ellos, el único varón, vivió una temporada con ellos.
Ahora viviamos juntos entre cuatro paredes y dentro de esas cuatro paredes un espacio reducido. Pero, por fin estábamos juntos y tenía la sensación que siempre iba a ser así.
Nuestro nuevo hogar tenía una cama de matrimonio donde dormíamos los cuatro. Mi padre la solía llamar cama de familia, porque era bastante improbable que pudieran consolidar el amor de matrimonio en esa cama, teniendonos, sobretodo a mí que me ponía en el medio para no pasar frío, entre ellos. Teníamos un televisor, un armario y un sillón. Y con nosotros dentro, ya no había espacio para nada más.
A las zonas comunes se iba sólo cuando era necesario y había normas y todo eso, pero yo al ser la pequeña de la casa se me perdonaba todo...
Yo era la que más tiempo pasaba en casa porque aun no tenía obligaciones aunque nunca recuerdo quedarme sola, siempre había alguien, aunque fuera la vacina de arriba para hacerme compañía o la señora gallega de enfrente, creo que no trabajaba. Mi hermano tenía que acostumbrarse a ir al cole donde no entendía ni papa. Mis padres eran pluriempleados. Y yo guardaba el hogar. Tenía mucho tiempo libre así que tuve una gran vida social en ese edificio, lleno de españoles pero sobretodo italianos. Lo que me llevó al hablar ese idioma como si fuese el mío propio, lo cual mi padre detestaba. Pero mi instinto de supervivencia me dicía que o era yo, o nadie, porque no he conocido ningún italiano en aquella época que supiera algo de español. Siempre era el español el que se adaptaba y acababa aprendiendo italiano. Por lo tanto vivir allí había supuesto un cambio en mi. En contra de lo que mi padre deseaba, yo solo hablaba el dialecto de Zürich y el italiano. Me llegó hasta costar contestarle a mi familia en "nuestro" idioma.
Mi hermano intentaba que aquello le gustase, pero no le fue nada fácil al principio. Mis padres no hacían más que ir a trabajar. Pero los domingos eran sublimes. Nos ibamos de excursión en nuestro Golf del 79. Era gris. Solo íbamos en coche los domingos, porque nos alejabamos de la cuidad, pero el resto de los días utilizabamos los maravillosos servicios públicos. Me encantaba montarme en esos buses y trenes, pero lo que más me gustaban eran los tranvías y los telesféricos.
Los domingos solíamos ir al campo, montaña o cerca de un lago. Mi padre siempre ha preferido el campo a la ciudad. Comíamos al aire libre, andábamos en bici (menos mi madre que no sabe ... y no le quedaron ganas de seguir intentandolo), visitábamos parques naturales, nos íbamos a la nieve... y si el tiempo no permitía nada de eso, se íba uno a la casa gallega y se acabó. Allí los hombres jugaban a las cartas con los hombres, las mujeres charlaban con las mujeres o corrían detrás de algúno de sus hijos para darle la merienda. No me había dado cuenta de la separación de sexos hasta que un niño me había dicho que conmigo no jugaba a la pelota porque era niña! Que jugara con las demás a las muñequitas! pero si nunca sacaba los juguetes de casa! Además estaba en la edad de preguntar el por qué de todo y me frustraba al ver que nadie me podía contestar mi duda. ¿por qué teníamos que hacer cosas diferentes según el sexo? y ¿por qué nadie se cuestionaba lo que yo me estaba cuestionando? Era simplemente lo "normal".
Pronto nos mudamos y yo me despedía del matriminio español y con un poco de recelo del suízo. No hablaba mucho, y se pasaba muchas horas en su cuarto. Muchas veces lo oía salir y yo corrí al pasillo a saludarlo mientras él iba al baño o salía por la puerta a trabajar. Parecía que le caía bien, pero nuestra relación nunca fue a más que la del saludo y conversaciones dónde las respuestas no tienen mucha importancia.
Íbamos a tener un piso para nosotros solos! Después de nuestro último hogar, aquello era un castillo enorme para mi. Mi hermano y yo compartímos habitación con camas gemelas. Mi pripia cama! Además de la puerta de la entrada, la que marcaba la frontera de nuestro hogar, no recuerdo otra puerta que no fuese la de nuestra habitación en toda la casa. La habitación de mis padres, en vez de puerta tenía una cortina roja y al pasar la luz del día por ella, parecía las luces del puticlubes que habían en esa misma calle. Teníamos un salón que conducía a todas las habitaciones menos a la nuestra que quedaba justao en la entrada. Lo mejor era la cocina. tenía una mesa chiquitita dónde la comida se agrupaba y daba la sensación que cada día comíamos un manjar, porque no había manera de que todo cupiese en esa mesa. A un lado estaba la bañera. Qué original, pensé. nunca había visto una bañera en la cocina. Por lo que las mañanas eran todo un show. Yo era la última en ducharme, porque aun no iba al cole, pero ya quedaba poco. Tengo una imagen muy clara en la cabeza de esa casa. Yo sentada en la ducha, mi madre atendiendo el cafe y discutiéndo conmigo para que saliese de la bañera, y mi padre y hermano sentándose a la mesa para desayunar, aun medio vestidos o secándose el pelo o peinándose frente al espejo al lado de la bañera. Parecía como estar en el antiguo hogar, pero ahora nos apelotonabamos en la cocina en vez de en la habitación.
Pero por las noches, el hogar me parecía todo menos un hogar. El castillo de reyes de por el día se convertía en el castillo de los fantasmas por las noches. El edificio estaba hecho de madera y por las noches se oía infinidad de ruídos extraños. A veces ciertos y otras, según mi hermano, creados por mi imaginación. Lo peor era si tenías ganas de pipí por la noche. En nustro hogar faltaba algo que era el trono del rey y la reina. Creo recordar que había dos WC en el edificio situados en los descansillos. Mi pobre hermano era quién le tocaba acompañareme. ël se quedaba sujetando la puerta de casa para que no se cerrara y yo bajaba los escalones con cuidado de no hacer demasiado ruido. La madera de las escaleras hacían un ruído que asustaba a la propia persona que pisaba los escalones. A veces bromeabamos con la idea que se rompería un escalón y detras del escalón todo el edificio. Hacía mis necesidades y para volver, no me importaba el ruído, subía los escalones rapidamente para llegar a mi cama calentita todavía. Mi hermano me había ensañado como se sube y se bajan escalones sin tener que utilizar siempre el mismo pie para subir o para bajar. Se reí cuando subía rápido por el frío o por el miedo, "mira ahora como utilizas primero uno y después el otro, ¿a que se va más rápido?" A lo que yo no contestaba. Pero después de una noche, siempre llegaba el día y todo me parecía de cuento otra vez. A menudo cuando mis padres timbraban y tendría que bajar a abrirles la puerta, me imaginaba que era una princesa retenida en un castillo y lanzaba la llave por la ventana. Al menos era lo que le contaba a mi madre cuando ella me decía que no se podía tirar la llave por la ventana, que tenía que bajar y abrirle la puerta yo. Era una llave enorme, como la de un castillo o una cárcel de la época medieval. Mi madre decía que era simplemente porque era vaga.
Vivía gente muy rara en ese edificio, pero mi vida social no decayó, aunque me reñeran miles de veces que había con ciertos vecinos que no me estaba permitido a hablar. Había algún borracho que otro, pero se puede dar los buenos a un borracho ¿no? Ellos eran los bufones de mi castillo, que cantaban y hacían malabares mientras intentaban subir las escaleras. Las prostitutas era las damas de compañía, aunque no fuese a mi precisamente a quien hacían compañía, y después siempre me quedaban loas italianos y españoles que eran como mi familia.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?